6 de noviembre de 2014

El 6 de noviembre la Iglesia recordará a los Mártires del siglo XX en España. Con ese motivo y para honrar la memoria de todos ellos y con sentido didáctico Don Francisco del Campo Real, Delegado Diocesano para la Causa de los Santos en la Diócesis de Ciudad Real,  ha escrito una serie de artículos que van a ser publicados bajo el título genérico de «MÁRTIRES». Hoy se inicia la serie que honra nuestro blogg con el que sigue a continuación.

     Los mártires forman parte del paisaje cristiano desde el inicio de la Iglesia. Ellos constituyen lo más preciado y fundante de la historia primitiva y de los siglos siguientes hasta nuestros días. Constituyen el ejemplo más representativo de la fidelidad y del testimonio de los creyentes. Nuestros altares se levantan sobre sus reliquias y nuestra apología los presenta con orgullo en sus primera páginas.

      Es verdad que, a menudo, el martirio puede parecer ambiguo por alguna de sus partes. Resulta claro que los mártires mueren por confesar a Cristo o por no renegar de él, pero no siempre  nos son tan evidentes las motivaciones de los verdugos. El odio a Dios, presente en la definición del martirio, admite variantes, aunque no siempre son contrapuestas, ya que la incomprensión del elemento religioso está casi siempre presente.

      Naturalmente, la glorificación posterior del mártir suscita el rechazo de quienes se sitúan al otro lado de la orilla. Ya la muerte de Cristo suscitó la llamada cuestión judía y otro tanto ha sucedido con los muchos mártires que en la historia han sido. Allí donde hay mártires ha habido verdugos y la celebración parece redundar en su desdoro. ¿Ha dejado alguna vez la comunidad creyente de venerar a sus testigos más cualificados por temor a desagradar o dificultar la reconciliación?, ¿No se trata más bien de un problema falso?

      Cuando se habla de persecución religiosa nos referimos a la que sufrió la Iglesia Católica en toda España, y en concreto en la diócesis de Ciudad Real, desde el 18 de julio de 1936 hasta el 31 de marzo de 1939, en el contexto de la guerra civil, en el territorio republicano, llamado también zona roja. Se prescinde, por consiguiente de las acciones represivas de tipo político y social de ambas zonas, porque estas no tuvieron carácter antirreligioso, aunque pusieron en evidencia la violencia de la lucha fratricida.

     Al hablar de víctimas no se alude a los caídos en operaciones militares ni a los asesinados por motivos políticos, sino a los que entregaron sus vidas por amor a Dios y sólo por este motivo.

      Por ello, se hablaba ya entonces de martirio y de mártires. Pero este apelativo sólo puede darse, de momento, a los que han recibido el reconocimiento oficial de la Iglesia. A todos los demás se les aplica de modo impropio. No todos los que entregaron sus vidas durante la persecución religiosa pueden llamarse mártires, ni todos los que han muerto por la fe han recibido el reconocimiento oficial del culto litúrgico, reservado solamente a los que han obtenido la sanción solemne de la Iglesia, tras un complejo proceso en el que se demuestra la existencia de los elementos teológicos esenciales del martirio: que la víctima sea cristiano, que muera «in odium fidei» (odio a la fe), que acepte las torturas y la muerte por amor a Dios y fidelidad a Cristo, virtudes que se manifiestan además en el perdón explícito a los asesinos y en la oración por ellos, a imitación de Cristo en la cruz. Para verificar estos datos, la Iglesia instruye un minucioso análisis con severas normas que permiten recoger testimonios orales y escritos, todos ellos auténticos, hasta apurar la verdad de los hechos.

     Todos los caídos de la guerra y los que sufrieron la represión en ambos bandos por la defensa de unos ideales políticos y sociales merecen el máximo respeto y son recordados como héroes y modelos a imitar por quienes siguen semejantes ideologías, pero no deben ser equiparados a quienes dieron sus vidas por motivos exclusivamente religiosos, es decir, sólo por amor a Dios.

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6 de Noviembre de 2020

El viernes 6 de noviembre la Iglesia de España celebra la festividad litúrgica de los mártires de la persecución religiosa sufrida en los años 1934 a 1939, víctimas de la persecución y el odio y dieron su vida en testimonio de su fe en Cristo. El número de aquellos mártires oscila entre los 4 y los 10 mil. Hasta el 31 de diciembre de 2019, 1916 habían sido reconocidos por la Iglesia y glorificados con su beatificación , figurando entre ellos varios obispos, y muchos sacerdotes, seminaristas, consagrados y consagradas y laicos. Entre los mártires pendientes de beatificación y cuya Causa se encuentra en Roma desde hace varios años se encuentra la de 100 fieles, 75 sacerdotes, 24 laicos y una consagrada, todos ellos de la Diócesis de Ciudad Real, y entre los cuales se encuentra el sacerdote que fue Coadjutor de la Parroquia de Almadén, Ángel Muñoz de Morales Sánchez-Cano. Los mártires reconocidos así por la Iglesia son ejemplo de testimonio de la fe en Cristo y son intercesores privilegiados de las peticiones y favores que los fieles demanden en las oraciones que se les dirijan. Ante los signos de los tiempos que Dios nos envía, celebremos la festividad de nuestros intercesores invocándoles para que pidan a Dios tenga misericordia de nosotros y de todos nuestros compatriotas.

6 de noviembre, mártires en España en el siglo XX

Queridos Amigos del Siervo de Dios Ángel de Almadén, El 6 de noviembre de todos los años la Iglesia Católica conmemora a todos los Mártires de la persecución religiosa del siglo XX en España. Así pues, es un día especial para incluir en ese recuerdo a nuestro Padre Ángel y con el a los 99 mártires compañeros suyos de la Diócesis de Ciudad Real. Como se ha repetido numerosas veces, y conviene no olvidar, se calcula que fueron cerca de diez mil los cristianos víctimas de aquel furor lleno de odio que asoló nuestro país en los años 30 del siglo XX. Hasta ahora cerca de 2000 mártires han sido beatificados entre los cuales lo han sido el Obispo de Ciudad Real Don Narciso Estenaga y 9 de sus diocesanos y pedimos al Señor que podamos en breve ver glorificados a otros 100 mártires diocesanos cuyas causas fueron completadas y enviadas a Roma el 4 de diciembre de 2017. Pidamos al mismo tiempo que toda esa sangre derramada sirva de expiación para que cesen las amenazas y riesgos para la unidad de España y por el mantenimiento de la fe cristiana y la esperanza y solidaridad de todas sus gentes. En www.angeldealmadén.com y en www.amigosdeangel@angeldealmadén.com podéis encontrar biografías, testimonios y noticias del Siervo de Dios Ángel y de la Asociación de Amigos de Ángel de Almadén.

El número de víctimas martirizadas en aquellos años, según el estudio de investigación histórica de D. Antonio Montero, Obispo de Mérida, publicado en 1960 ascendía a 6.832, de los cuales 4.184 pertenecen al clero secular, 12 son obispos, 1 administrador apostólico y varios seminaristas; 2.365 son religiosos y 238 son religiosas
A tenor de la continuación sobre estos estudios, realizados a propósito de la preparación del catálogo de los mártires cristianos del siglo XX, pedida por el Papa Juan Pablo II, en el marco del Gran Jubileo del Año 2000, el historiador Vicente Cárcel Ortí, habla de diez mil mártires españoles asesinados en el citado período.
Los datos se desglosan así: doce obispos, un administrador apostólico, cerca de siete mil sacerdotes, religiosos y religiosas, y en torno a tres mil seglares, la mayoría de ellos pertenecientes a la Acción Católica

Un cordial saludo en comunión con todos los mártires españoles del siglo XX.